Tiempo de cárcel

Miércoles 7 \07\UTC marzo \07\UTC 2012 Deja un comentario

George Fray era menudo y regordete. Al principio Michael tenía dudas de que fuera quien decía ser: un funcionario de prisiones de una de las cárceles más extrañas y misteriosas del país, pero despejó sus dudas cuando fue él quien se acercó.

- ¿Es usted Michael Tentapoulos?

- Sí. George Fray supongo. Encantado – respondió y le estrechó la mano -. Le imaginaba diferente.

Michael sintió como una mirada de incomodidad le perforó. Debía andarse con más cuidado si quería sacar algo de información para hacer un buen reportaje. Al fin y al cabo había sido el propio George el que le había llamado y concertado la cita en ese bar de las afueras. Y del mismo modo podría irse en cualquier momento y dejarle con la miel en los labios. Cualquier dato sobre la prisión de Bookswitch era carne de portada, y más todavía si venía de alguien que había trabajado allí.

- Y bien, ¿qué es lo que quería contarme? – preguntó Michael mientras sacaba la grabadora para registrar toda la conversación.

- No, por favor – respondió enseguida -. Nada de grabaciones, ni de nombres ni de menciones ni nada que pueda relacionarse conmigo. Le contaré todo lo que sé pero no quiero que mi nombre aparezca por ningún sitio.

Un reportaje sin fuentes tenía tan poca validez como una demostración científica en una servilleta, pero Michael pensó que aún tenía la posibilidad de contrastar algo de lo que le contara y poder dar algo de crédito a su reportaje.

- De acuerdo. Tomaré únicamente notas. Cuando quiera puede empezar. Si no estoy equivocado usted fue funcionario de prisiones en Bookswitch desde principios de los sesenta hasta mediados de los ochenta.

- Sí. Trabajé más de veinte años en ese sitio infernal. Y jamás podré arrepentirme lo suficiente.

- ¿Infernal? Bookswitch tiene fama de prisión modelo ejemplar. Sin fugas, sin altercados y sin prácticamente repercusión mediática. ¿Qué tenía de malo?

- ¿Nunca se preguntó por qué esta cárcel se ofrecía a acoger a la peor calaña y a los condenamos más peligrosos cuando el resto de prisiones se negaban y hacían todo lo posible para no recibirlos? ¿No le parecía extraño?

- Sí, bueno. Pero si eran capaces de controlar a esa gente, ¿por qué no?

- Ya – George suspiró -. Siempre se jactaron de eso. Verá, Bookswitch no siempre fue una cárcel. En los años cincuenta era una instalación del ejército. En principio un conjunto de laboratorios para algunos experimentos con poco presupuesto por la escasa confianza de éxito que generaban.

- ¿Por ejemplo?

- Cualquier cosa absurda que se le ocurra: teletransporte, ascensores a la Luna, viajes al centro de la tierra, viajes en el tiempo… La creatividad no era precisamente lo que faltaba. Y contra toda expectativa uno de ellos salió adelante -. La cara de Michael rezumaba expectación -. Los viajes en el tiempo.

- Ya, claro – Michael cambió su expresión a la incredulidad máxima. Se sentía estafado por otro lunático más, pero aún así le apetecía escuchar cómo de elaborada estaba su historia de ficción -. Me va a costar creer eso. Pero suponiendo que sea cierto, ¿cómo es que no ha trascendido nunca nada?

- Le sorprendería saber la cantidad de secretos que maneja el ejército. Le podría contar un montón de rumores pero quiero centrarme en lo que vi con mis propios ojos.

- ¿Y qué tienen que ver los viajes en el tiempo con la cárcel?

- ¡Todo! ¡Tiene que ver todo! ¿No lo ve? ¿No lo entiende? – George estaba exaltado pero al ver la cara de sorpresa y el miedo que estaba provocando en Michael, rompió a llorar -. Pobres desgraciados. Que Dios se apiade de sus almas.

Michael estaba asustado. Aquel hombre estaba completamente destrozado, pero no estaba seguro si tenía un trauma de algún tipo o sólo desquiciado por haber trabajado tanto tiempo en una prisión.

- Tranquilícese, por favor. ¿Quiere decir que todos los presos están muertos?

- Peor. Mucho peor. Simplemente no están… en nuestra época.

- ¡¿Cómo?! – Michael estaba alucinando y fascinado por la capacidad de ficción e interpretación de George.

- Los militares consiguieron viajar en el tiempo, pero con algunos matices. Sólo se podía viajar al futuro y era imposible controlar la fecha de destino. Pero aún así vieron la viabilidad del proyecto y decidieron sacarle una rentabilidad económica.

- Y por eso transformaron el complejo en una prisión, ¿no? Pero sigo sin ver la relación con los reclusos.

- ¿Cuál es la mejor forma de controlar a una persona peligrosa? Encerrarles no es suficiente, así que se les ocurrió la brillante idea de enviarles al futuro. Los problemas del descubrimiento no eran un problema para esa aplicación. Nadie iba a echar de menos a esos malditos monstruos de cadena perpetua.

- ¿Los… enviaron al futuro?

- Técnicamente no están muertos así que no encontraron ningún problema legal para aprobar ese sistema. Pero sí que hubo un pequeño problema técnico del que se dieron cuenta al poco de comenzar. El viaje es en el tiempo, no en el espacio. Lo que hace es conectar el mismo punto del espacio en dos fechas diferentes.

- No veo a donde quieres llegar.

- La máquina del tiempo debe existir y estar funcionando en el momento del futuro al que se les ha enviado para ser capaz de recibir al preso. ¡La máquina que hace posible los viajes no puede apagarse nunca!

- ¿Qué pasaría si ocurriese eso? ¿Morirían?

- No, no. Sería una anomalía temporal y se corregiría automáticamente. Es decir, el viaje en el tiempo se interrumpiría antes de que la máquina se desconectase y todos los presos aparecerían a la vez justo en el instante anterior.

Michael no estaba creyendo ni una sola palabra. Había estado escuchando la historia simplemente por entretenimiento, pero  le parecía que aquello estaba tomando un cariz demasiado fantástico.

- ¡Vaya! Es una historia realmente fascinante, George. Pero mucho me temo que no puedo utilizarla sin ningún tipo de prueba. Tiene que reconocer que resulta algo… fantástica.

- No he terminado de contar mi historia aún – carraspeó -. Hubo uno que llegó.

- ¿Un preso que terminó su viaje?

- No se podía controlar la fecha de destino, pero sí que se descubrió que según la potencia de la máquina los viajes podían ser más largos o más cortos.

- ¿Y qué ocurrió con él? ¿Le volvieron a enviar de viaje?

- Volvió, sí. Pero ya no era el mismo. Había adquirido ciertas habilidades… especiales. Y consiguió huir. Nadie le volvió a ver.

- ¿Qué habilidades? ¿Cómo sabe todo esto?

- Ya he contado suficiente – dijo con ademán de levantarse. Los dos se estaban poniendo nerviosos.

- Espere, espere. No puede irse ahora – le sujetó por el brazo -. Tiene que contarme el resto. Algo me dice que no me está contando todo lo que sabe tal y cómo me prometió.

- ¡He dicho que he contado suficiente! – gritó -. Ahora suélteme.

Michael le soltó, pero aquella mirada desafiante dijo más que toda la conversación.

- Fue usted, ¿verdad? El preso que consiguió huir. Sus más de veinte años en esa cárcel no fueron trabajando. Ha viajado en el tiempo.

- Sabía que había hecho bien llamándole. Es usted muy listo – dijo con sonrisa maliciosa -. Sí, fui yo. He perdido la mitad de mi vida en un instante y quiero agradecérselo a esta sociedad que me encerró.

Las dudas aún sobrevolaban la cabeza de Michael. ¿Le seguía tomando el pelo? Tenía que reconocer que sonaba muy convincente y todo tenía su lógica pero, ¿viajes en el tiempo? Seguía sonando a película.

- Sigue sin creerme, ¿verdad? No importa. Cuando me vaya se habrá convencido. Quiero que en su reportaje ponga que el fin se acerca. Quiero que lo vean venir.

- ¿Qué insinúa? ¿Es una amenaza? – caviló unos instantes -. ¡¿No será un terrorista?!

- Voy a liberarlos. A todos. Y todos tendrán las mismas habilidades que yo.

- ¿Qué habilidades?

- Viajar por el tiempo a nuestro antojo – respondió con entonación deliberadamente seca.

Dejando la palabra en la boca, George se dio media vuelta y, como si se tratara de una ilusión óptica, se desvaneció sin más. Ni un ruido ni ninguna sensación. En un instante estaba y al siguiente no.

- ¡Dios mío! – susurró Michael -. Que el señor se apiade de nosotros – musitó con lágrimas en la comisura de sus ojos al encajar todas las piezas en su cabeza.

Categorías:Relatos

Tumba abierta (I)

Viernes 6 \06\UTC enero \06\UTC 2012 Los comentarios están cerrados

El despertar fue abrupto. Me incorporé todo lo rápido que pude pero tuve que hacer fuerza para conseguirlo. Estaba cubierto por un palmo de tierra de la cabeza a los pies. Me sacudí la cabeza y ayudé con las manos a retirar toda la tierra que tenía por la cara y pelo. Con los ojos despejados miré a mi alrededor.

Estaba dentro de una tumba excavada burdamente con las manos y apenas cubierto con algo de tierra. Parecía hecha con mucha prisa. ¿Cómo había llegado hasta allí? ¿Por qué estaba enterrado? Me giré y detrás de mí había un par de maderas clavadas en forma de cruz haciendo la función de lápida. Un nombre estaba escrito sobre el tablón horizontal escarbado sobre la madera con algo punzante.

Ponía Edward Blake. No era mi nombre.

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Categorías:Relatos

Conversación nonata

Lunes 31 \31\UTC octubre \31\UTC 2011 3 comentarios

- Levanta la vista y dime qué ves.
- N…nada.
- ¿Nada?
- Bueno. La calle.
- ¿Sólo éso?
- Y coches y casas.
- ¿Coches y casas?
- Sí. La calle, coches, edificios, árboles, farolas…
- Dado que te cuesta tanto ver lo que está a la vista, yo te diré lo que no está a la vista. Estos coches tienen un motor de combustión que funciona a miles de revoluciones con precisión milimétrica, las farolas convierten energía eléctrica en luz, los edificios tienen toda una instalación de tuberías para el agua, la electricidad y calefacción y miles de ladrillos que los mantienen en pie decenas o incluso cientos de años.
- ¿Y?
- ¿Y? ¿Cómo que “y”? ¿No te das cuenta? ¿Quién te crees que ha hecho todo éso?
- Personas supongo, pero no sé a dónde quieres llegar.
- Las correas y engranajes que llevan esos coches fueron inventados hace más de dos mil años, la electricidad descubierta hace casi doscientos años, los edificios siguen la misma estructura que hace miles de años.
- ¿Qué me quieres decir? ¿Qué ya está todo inventado?
- No eres más tonto porque no has nacido aún. Lo que quiero decir es que el ser humano es maravilloso. Miles de años de cultura han conseguido construir una pirámide de conocimientos que permite que alguien ahora mismo esté construyendo algo basado en lo que alguien, en otra parte del mundo y posiblemente en otra época, descubrió, y que a su vez posiblemente se haya basado en los descubrimientos de otra persona.
- Visto así…
- De lo que quiero que te des cuenta es que el ser humano es grandioso. Es único en todo el universo conocido y capaz de hacer cosas inimaginables. Ni siquiera una afanosa hormiga arquitecta de colosales nidos puede igualar su imaginación y capacidad de adaptación.
- Tan bueno no será si rara vez es feliz.
- Sí, bueno. Hay un detalle. El problema es el medio. El medio con el que conseguir ese fin de superación. Cada uno tiene su propia motivación. Unos lo hacen por puro egoísmo, dinero y sensación de superioridad. Otros lo hacen por simpatía al prójimo, por amor al arte o simplemente porque les gusta superarse a sí mismos. Y por supuesto hay términos medios.
- En resumen, el ser humano es capaz de lo mejor y de lo peor, ¿no?
- Sí, pero no te olvides de una cosa: lo que hace la distinción es la motivación de cada uno. Cuando salgas ahí fuera recuerda por qué haces las cosas, qué es lo que te empuja a un fin. Puedes ser el siguiente que revolucione el mundo de la física, o descubra una nueva vacuna, pero lo importante es por qué lo haces: por tí o por los demás.
- Lo recordaré.
- No lo harás, igual que todos. Una vez cruces el umbral del nacimiento te olvidarás de todo. Tan sólo espero que los que estén al otro lado te enseñen lo mismo. Buena suerte.

Categorías:Reflexiones, Relatos

Realidades

Martes 25 \25\UTC octubre \25\UTC 2011 4 comentarios

- ¿Has tenido alguna vez la sensación de percibir algo que no existe?

- ¿A qué te refieres? – preguntó extrañado.

- Sí. Algo que sabías que no era real pero tus sentidos te intentaban decir que estaba allí.

- ¿Te refieres a una película en 3D? ¿O a uno de esos dibujos que hay que quedarse bizco para distinguir algo?

Manfred rió. Apenas fueron un par de carcajadas, pero era la primera vez que Jack le veía tan distendido. Siempre había sido un estirado, pero en aquel momento parecía que había perdido la escoba que tenía metida por el culo.

- No, no. Me refiero a la realidad. Cruzar un semáforo y sentir a la vez como eres atropellado y cómo llegas sano y salvo al otro lado. Despertarte por la mañana y sentir a la vez como sigues en la cama y cómo te diriges hacia el baño. Me refiero a a percibir realidades alternativas.

Jack se quedó en silencio. No sabía si le estaba tomando el pelo o realmente Manfred estaba convencido de lo que decía. Por un momento dudó sobre qué responder.

- No… No recuerdo haber tenido esa sensación – respondió pausadamente remarcando la palabra tal y como la había usado Mandred en primer lugar.

- Lástima – respondió a la vez que se apoyaba sobre el respaldo de la silla -. Es algo fascinante – musitó mientras su mirada se perdía en otros pensamientos y recuerdos lejanos -. En cualquier caso necesito que vengas conmigo. Por eso te he llamado – sonrió de nuevo.

- ¿A mí? ¿Por qué? Es decir – corrigió -. No te lo tomes a mal. Tú y yo nos conocemos desde hace muchos años, pero nunca hemos tenido lo que se suele decir… confianza.

- Eso ahora mismo es irrelevante. Te necesito a tí y ahora. ¿Puedes hacerme este favor? – se puso serio de repente. Aquellos cambios de humor repentinos no ayudaban a que Jack se sintiera más confiado, pero al fin y al cabo Manfred siempre fue raro. Raro y brillante.

- Bueno – dudó -. Dime antes qué tengo que hacer.

- Nada. Sólo tienes que acompañarme y ser testigo de un experimento mío. No te preocupes, no es nada peligroso para tí – añadió rápidamente al ver la cara de preocupación y sospecha de Jack.

“Para tí” repitió Jack en su cabeza. ¿A qué se refería con eso? ¿Era peligroso para otro? ¿Para Manfred quizás?

- Bueno – respondió Jack sin demasiada seguridad.

- Excelente. Vayamos al laboratorio inmediatamente.

Pagaron la cuenta de la cafetería y fueron caminando hacia el edificio del laboratorio. La universidad tenía un campus enorme, pero el laboratorio subterráneo ocupaba la totalidad de su superficie bajo tierra. Eran la envidia del resto de universidades del país, y muchos de los avances actuales de la ciencia moderna tenían lugar allí. Jack nunca se arrepintió de abandonar la carrera, pero aquello le dejaba un regusto amargo en el fondo de la boca.

Después de decenas de puertas de seguridad, un par de ascensores y tres controles de seguridad, al fin llegaron a la parte del laboratorio donde Manfred realizaba su trabajo.

- Bienvenido a mi reino.

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Categorías:Relatos

La chica que quería alcanzar las estrellas

Lunes 10 \10\UTC octubre \10\UTC 2011 Los comentarios están cerrados

La chica tenía un sueño.
Unos quieren ser bomberos,
otros policías o carpinteros.
Pero ella tan sólo quería
ser piloto o astronauta
para alcanzar las estrellas.

Dormía de día
y soñaba de noche.
Mirando el cielo de estrellas
esperando poder alzancarlas.

Estiraba los brazos
e intentaba abrazarlas
pero sólo conseguía
el aire tocar
y el viento besar.

Se subió a una silla
pero tampoco llegaba.
Se subió a una escalera
y tampoco lo consiguió.

Se subió a lo alto del tejado
y desde allí pudo sentir al fin
la llamada de las estrellas.

El brazo estiró y estiró
y su cuerpo le siguió.
Pero en lugar de alzarse
su cuerpo se desplomó
y del tejado cayó.

Libre de ataduras
sin lastre carnal
ahora puede alzarse.
Entre las estrellas volar
y a la Luna abrazar.

Categorías:Poesia
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