Desconocida (Prólogo)
Allí estaba yo, de pie, quieto, y con la mirada perdida. Quería pensar y reaccionar, pero no podía. Estaba totalmente paralizado. Aún podía sentir como la sangre me escurría por las manos. Recorría lentamente la mano para formar gotas en las puntas de los dedos y finalmente caer. Aún estaba caliente.
Las imágenes de cómo había ocurrido todo me pasaban por la cabeza, como si estuviera viendo una película en la sala de un cine y no pudiera irme. Las mismas escenas pasaban cada vez más rápidas, sin perder ningún detalle pero perdiendo su sentido. La imaginación me la estaba jugando y empezaba a distorsionar los hechos que había visto.
Estaba completamente absorto cuando sonó el teléfono. Tuvo que sonar varias veces hasta que salí del trance y comprendí que tenía que cogerlo. El teléfono era uno de esos antiguos, con marcador de botones pero timbre mecánico. El sonido repetitivo martilleaba mis oídos y fui lo más rápido que podía. Los segundos se hicieron interminables hasta que descolgué.
Al coger el auricular pude notar como la sangre lo enbadurnaba.
Me lleve al aparato al oído muy lentamente pero no dije nada. Aún estaba mudo por el shock.
Por el altavoz oí una voz femenina. Me resultaba familiar pero no entendía nada de lo que decía. En un alarde de ingenio, no se me ocurrió otra cosa que colgar con la misma calma con la que lo había cogido. Gran parte del teléfono estaba manchado ahora de un rojo oscuro.
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