Archivo

Archivo para Viernes 19 de enero de 2007

Tren

Viernes 19 de enero de 2007 5 comentarios

Cogía el tren todas las tardes para ir a la universidad. No me agradaba mucho el turno de tarde, pero era el que me había tocado. Quizás el año que viene podría elegir otro.

El verano ya estaba próximo, pero aquel día era especialmente caluroso, así que me puse una camiseta de manga corta de color blanco con un generoso escote.

Últimamente me encontraba bastante acalorada durante todo el día, y aunque lo achacaba al clima cambiante, bien sabía que se trataba de una mala jugada de mis hormonas. Llevaba varias semanas llevando a clase ropa bastante sugerente y me encantaba ser el centro de atención de todos los chicos por los pasillos. Y no les culpaba, mi cuerpo era un auténtico bombón, y me aprovechaba de ello.

Soy de estatura media para las chicas, por lo que la mayoría de los chavales me sacaban entre media y una cabeza. Tengo media melena negra como el azabache y muy ondulada. Pero lo más llamativo son mis pechos, que aunque no llegaban a considerarse grandes, no pasaban desapercibidos pero manteniendo su firmeza. Era por ello que me podía permitir el lujo de no llevar sujetador como aquel día.

El tren estaba abarrotado, con gente que iba a trabajar pero sobre todo de destudiantes que como ella iban a clase en ese horario. El trayecto duraba un cuarto de hora aproximadamente y me iba a tocar estar apretada entre tanta gente. Delante de mí, se situó una chica, que aunque no conocía, me sonaba de verla por la universidad. La chica era muy guapa y también llevaba una camiseta de manga corta pero de cuello redondo sin escote. Estaba situada de tal forma que su cuerpo quedaba justo enfrentado al mío pero sin mirarme a la cara. Tenía aproximadamente la misma altura que yo y debido a los apretones sus pechos se encontraban con los míos. Tampoco llevaba sujetador.

Con cada frenada y aceleración del tren, nuestros pechos se encontraban y se rozaban levemente, pero a los pocos minutos las dos teníamos los pezones erectos y se apreciaban claramente a través de las camisetas. La otra chicas en ningún momento me miró a la cara pero pude notar como su cara iba cogiendo un color rojizo alrededor de los pómulos. Ella estaba disfrutando y cada vez procuraba que el roce entre nuestros pezones durase más tiempo.

El tren se detuvo completamente en mitad del trayecto, posiblemente por un cambio de agujas o para dar paso a un mercancías, pero ella continuaba moviéndose del mismo modo simulando el vaivén del vagón. Aunque yo tampoco la miré a la cara, pude apreciar cómo con la mano libre que no usaba para sujetarse, la tenía introducida por el cinturón elástico del pantalón que llevaba. Probablemente quería que el resto de su cuerpo disfrutara también. Yo no quería reconocerlo pero aquel rutinario trayecto se estaba convirtiendo en un viaje apasionante.

Para rematar, un hombre de mediana edad que estaba detrás de mí se percató de la situación, y ni corto ni perezoso comenzó a acariciarme el culo con una de sus manos. Lo hacía muy suavemente y a intervalos cortos, pero lo suficiente para terminar de excitarme. No me hizo falta ni mirar ni tocarme para saber que estaba húmeda.

Finalmente el tren llegó a su destino. La chica y yo nos bajamos en la misma estación y el hombre continuó el trayecto del tren. Todos actuábamos como si nada hubiera pasado.

Todavía hoy se me pone una sonrisa en la cara cada vez que veo a aquella chica por los pasillos, aunque ella no muestre signos de reconocerme. A mí me siguen gustando los tíos, pero a partir de aquel día descubrí que también una chica puede hacerme gozar.

Categorías:Relatos
Seguir

Get every new post delivered to your Inbox.

Únete a otros 48 seguidores