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Archivo para Viernes 21 de septiembre de 2007

El último ingrediente

Viernes 21 de septiembre de 2007 1 Comentario

La marmita bullía sangre y grandes pompas rojas estallaban en su superficie. El esqueleto utilizaba su propio fémur para remover el contenido.
- ¡Estúpido! Utiliza tu hueca calavera y piensa un poco. Usa una cuchara en vez de tu pierna.
El ente huesudo miró al hechicero desde sus oscuras cuencas y obedeció inmediatamente. Se colocó el hueso en su sitio y caminando fue a coger el enorme cucharón de madera.
- Necesito un último ingrediente y no sé donde encontrarlo. El libro es muy críptico en las descripciones – comentó en voz alta hacia el techo.
- ¿Qué es lo que dice exactamente? – dijo la cabeza reducida con su característica y chillona voz – A lo mejor puedo ayudarte.
El hechicero dirigió la mirada hacia la pared donde colgaba la maloliente cabeza.
- Dudo que tu podrido y diminuto cerebro sea capaz de hacer algo – gruñó con desprecio, pero ahora estaba realmente falto de ideas – Dice que hace falta una “semilla de vida de la flor anterior”. ¡No tiene sentido!

Llevaba todo el día encerrado dándole vueltas, caminando de un lado para otro, pensativo y concentrado.
- Veamos – comenzó cavilando – Sé que el autor original hacía metáforas con todo, así que no son semillas y flores de verdad. Si es de vida tiene que referirse a un ser vivo, por lo que la “semilla de vida” tiene que ser… ¡un corazón! – exclamó de repente.
Sonrió ampliamente maravillándose de su ingenio y su autocomplacencia. Ya tenía medio enigma resuelto.
- ¿Qué ser vivo puede referirse con “flor anterior”? – se preguntó a sí mismo.
- A veces se representa al hombre como una abeja y a la mujer como una flor a la que poliniza – comentó el cuervo desde su jaula mientras aleteaba enérgicamente para hacerse notar.
- ¡Cállate, pajarraco! No necesito tus consejos. Si vuelves a interrumpirme te convertiré en una de esas arañas que te daban tanto asco cuando eras humano.
Se sentó en la butaca confeccionada con retales cosidos de pieles humanas que tanto le gustaba y se cubrió la cara con ambas manos.
- Si una flor es una mujer, la “flor anterior” es… ¡una madre! ¡Claro! – se levantó del sillón de un salto – El último ingrediente es el corazón de una madre.
Iba a empezar a pensar de dónde iba a sacar uno cuando un grito lejano le interrumpió.
- ¡Hijo! Ya sé que no quieres que te moleste cuando estás en el cobertizo jugando a los magos, pero necesito saber si vendrás a cenar algo.
- Mamá, ¿puedes venir un momento? – su siniestra sonrisa perfilaba el final de su plan.

Categorías:Relatos
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