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Avaricia (II)

Domingo 25 de noviembre de 2007


Avaricia

En el momento en el que su mano se apoyó sobre su frente, y en apenas unos instantes, la joven criada se transformó en una refulgente estatua de oro macizo. Absolutamente todo, incluyendo los finos hilos de cabello y las lágrimas que caían por su mejilla pasaron a ser del precioso metal. Una estatua de oro congelada en el tiempo pidiendo clemencia.
Ashe estaba atónita y aterrada. Su primer instinto fue el de coger la cámara y obtener pruebas de tan asombroso fenómeno, pero despues pensó que para una persona que había rechazado cualquier contacto periodístico hasta el momento, podría ofenderla. Y lo último que quería en ese momento era provocarla.

- Eso ha sido… fascinante – fue todo lo que consiguió decir.
- Gracias. Es una lástima que la posición no haya sido la más agraciada para que acompañe al resto de estatuas de mi morada.
Un rápido vistazo sirvió a la periodista para constatar que todas las que había visto por la mansión era femeninas, normalmente en postura sugerente o erótica y con un realismo fuera de lo común. En ese instante se percató al mismo tiempo de que aquella joven no había sido su primera víctima, y del origen repentino de su fortuna.

Con un chasquido de dedos, varios mozos fornidos aparecieron con una plataforma con ruedas y tras varias costosas maniobras, consiguieron montar encima la pesada figura.
- ¿Me acompañas? Si eso te ha gustado, te enseñaré algo aún mejor.
Ashe siguió a Shauni, los mozos de transporte y a la estatua por infinidad de pasillos, rampas y puertas de diversas medidas de seguridad que aumentaban a su paso, hasta llegar a una especie de taller. Allí aguardaban varios operarios, todos con mono de trabajo y algunos de avanzada edad.
- Todo está preparado – comunicó uno de ellos, aparentemente el más anciano de todos.

Sin la más leve indicación, cada uno conocía su papel y sabía exactamente lo que tenía que hacer. Era como una orquesta de hormigas trabajadoras. Mientras unos metían la estatua dentro de una cámara, a la vez que la quitaban rasgando el vestido, otros accionaban toda la maquinaria adyacente, encendiendo botones y moviendo palancas.
Nada podría haber preparado a Ashe para lo que allí iba a tomar lugar.

Ilustración cortesía de Alberto GS 

Categorías:Relatos
  1. Martes 27 de noviembre de 2007 a las 19:01 | #1

    Que tensión!!! Queremos saber como acaba!!!

    Y también opino que el dibujo le da más empaque a la historia…buen complemento

  2. Martes 27 de noviembre de 2007 a las 18:01 | #2

    Por cierto, bonito dibujo el de Alberto ;)

  3. Martes 27 de noviembre de 2007 a las 16:45 | #3

    ¡Asi que volvemos a las historias por partes! Me gusta, me gusta. Lástima que esta vez no tenga una con la que competir :P

    ¡Trato de encontrar mi inspiración, pero no tengo tiempo de buscarla!

    Besotes.

  4. Lunes 26 de noviembre de 2007 a las 20:59 | #4

    Mmm, una versión femenina y pervertida del rey Midas ;) Interesante relato, me gustará (re)leer las siguientes partes.

    Me encanta la claridad con la que describes las escenas; crean imágenes exactas en movimiento en la mente del lector. Pero vamos a potenciar aún más este fuerte: hay frases que podrían ser más precisas, sin necesidad de recargarlas. Veamos por ejemplo “En el momento en el que su mano se apoyó sobre su frente, y en apenas unos instantes, la joven criada se transformó en una refulgente estatua de oro macizo.” Aquí, el “y en apenas unos instantes”, sobra, porque repite lo que dices con “en el instante en el que su mano se apoyó sobre su frente”, y no añade nada nuevo. Es sólo un consejo, que si deseas te explicaré con mayor calma ;)

    Besos de oro,
    Mun

  5. Lunes 26 de noviembre de 2007 a las 19:41 | #5

    Oh, oh, buen texto acompañado de una ilustración del artista de la familia… esto va tomando ya tintes más profesionales.

    Mérito tiene el dibujo, porque me pides a mí que te dibuje la avaricia y el experimento pudiera haber salido mal.

    Nos vemos!.

Los comentarios están cerrados.
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