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Archivo para Martes 11 de marzo de 2008

Hechizo (II)

Martes 11 de marzo de 2008 2 comentarios

- ¿Por qué me golpeas? – intentó decir Silvia. Pero por más que lo intentaba, su boca no respondía. Pero más que no poder hablar o no poder moverse, estaba asustada porque hacía unos minutos que ya no respiraba. Y lo peor era que no sentía la necesidad de hacerlo.
- ¿Qué ha pasado? – preguntó Sofía asustada con voz temblorosa.
- ¡No lo sé! – contestó Raquel al borde del histerismo. Ninguna de las dos podía levantar la vista sobre la estatua que hacía un momento era su amiga y compañera.

Por su parte, Silvia era plenamente consciente de todo, y conservaba todos sus sentidos. Podía ver lo que tenia justo delante, ya que al igual que el resto del cuerpo, no podía mover tampoco los ojos. Pero podía oír y sentir hasta la más leve brisa que se colaba por una rendija de la ventana.
- ¡Tenéis que sacarme de aquí! ¡Socorro! – intentó gritar sin éxito.
Las dos hermanas mientras intentaban pensar una solución.
- Tenemos que volver a la casa de subastas, Raquel. Allí quizás puedan darnos alguna información sobre estas piedras y su… – pensó la palabra adecuada mientras volvía a mirar a Silvia – sus efectos.
- No creo que allí sepan nada, pero pueden darnos los contactos de las otras personas que pujaron. Si no recuerdo mal, había más cestas con piedras de otros colores.

Sofía cogió las llaves del coche y salió disparada por la puerta. Raquel se detuvo en el umbral y dirigió una última mirada a su amiga.
- No te preocupes, haremos todo lo posible y pronto estarás bien – dijo hacia la estatua, ahora de espaldas a ella, intentando ocultar los miedos que la acechaban al pronunciar. Y cerró la puerta.

El paso del tiempo se convirtió en algo relativo para Silvia. Ahora que estaba sola no tenía nada que la indicase si hacía varias horas que sus amigas se habían ido o tan sólo unos pocos minutos. En cualquier caso una voz la sacó de su trance atemporal.
- ¿Hola? ¿Hay alguien en casa? ¿Silvia? – preguntó Javier desde la puerta que abrió con el juego de llaves que aún conservaba.
Javier avanzó por la casa preguntando si había alguien cada vez que se acercaba a una puerta, hasta que al entrar en una de ellas se encontró con tres cajas en el suelo y su nombre escrito a los lados con rotulador.
- Éstas deben ser mis cosas – suspiró.
Pero al lado de las cajas había una estatua que le llamó la atención y que no recordaba haber visto antes. Se detuvo a contemplarla unos instantes hasta que reconoció el rostro.
- ¡Vaya! Por este tipo de cosas no te soportaba. Sólo a tí se te ocurriría encargar un maniquí de tí misma para probar ropa – dijo imaginando que hablaba con una hipotética Silvia – ¿Pues sabes una cosa? Me lo voy a llevar y así tendré un recuerdo tuyo.
- Ni yo aguantaba tu egocentrismo, pero, ¡tienes que ayudarme! ¡Soy yo, la Silvia de verdad! – pensó Silvia.
Después de cargar las cajas en el coche, regresó a por el maniquí. Para sorpresa de Silvia, Javier pudo levantarla y moverla con suma facilidad. Para el resto del mundo y las leyes de la física, ahora no era más que un trozo de plástico hueco.
- ¡¿Qué haces?! ¡No puedes llevarme! ¡Ésto es un secuestro! ¡Sofía! ¡Raquel! ¡Auxilio! – gritaba Silvia en la desesperación de sus pensamientos.
Pero al llegar a su coche, Javier se encontró con un problema, la figura no cabía porque era demasiado larga para el hueco del maletero. Ya había estado antes en algún trabajo de verano con maniquíes, así que sabía como solventarlo. Levantó un poco la blusa que llevaba puesta para descubrir una pequeña fisura a la altura de la cadera y que la rodeaba por completo. Haciendo un poco de fuerza con ambas manos en direcciones opuestas, consiguió separar el maniquí en dos partes, que se encontraban unidas por un pequeño eje de metal que ahora quedaba expuesto en el centro de la parte inferior.
Para Silvia la experiencia fue tan traumática como excitante, y sorprendentemente, seguía sintiendo todo su cuerpo aunque ya no se encontrara de una pieza. La oscuridad la cegó cuando la puerta del maletero encerró a sus dos mitades.

Categorías:Relatos
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