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Archivo para Martes 16 de marzo de 2010

Ojos rasgados

Martes 16 de marzo de 2010 2 comentarios

Los primeros rayos de luz del día se filtraban a través de las rendijas de la maltrecha persianilla de madera. La sombra que proyectaban las infinitas motas de polvo en el aire formaban curiosas formas sobre la pared. Chloe y Theo no se pudieron permitir un hotel mejor cuando llegaron la noche anterior al aeropuerto internacional de Beijing. Un pequeño edificio casi en ruinas donde la higiene era una palabra que hacía años no pisaba el lugar y era un golpe de suerte que hasta una mísera bisagra funcionase. Se levantaron sin haber pegado ojo en toda la noche por culpa del mohoso olor del colchón, la espesa contaminación del aire y el sofocante calor del verano. Y sin embargo, no estaban disgustados.
Llevaban planeando este viaje desde hacía muchos meses. La cultura tradicional china les había cautivado desde siempre, y sólo era cuestión de reunir el dinero suficiente para los billetes de avión. Decidieron que querían una inmersión cultural plena y por ello llevaron el dinero justo para pasar el primer par de días hasta que pudieran buscar algo que les permitiese sobrevivir el resto del mes de vacaciones. Y eso incluía gastar lo mínimo en alojamiento como mostraba aquel antro que no merecía llamarse hotel ni en ninguna de sus letras. El color marrón de la bañera y lavabo, pegado como el arroz quemado al fondo de una cazuela, les desanimó a probar siquiera los grifos. Empaquetaron sus mochilas y salieron de allí rápidamente, despidiéndose del recepcionista sin mirarle. Ya comprobaron la noche anterior al llegar que su aspecto era una viva representación del estado del edificio.

Los suburbios de la ciudad podían ser un lugar muy peligroso para un par de turistas occidentales, desconocedores completos además del idioma. Pronto comprobaron al preguntar por un par de direcciones que el diccionario que llevaban no les serviría de absolutamente nada. Así que alquilaron unas bicicletas y se lanzaron a la aventura de recorrer las calles de la inmensa capital sin ningún rumbo fijo.
- ¡Oh, mira! – exclamó Chloe – Se ve un palacio a lo lejos.
- Baja un momento que le hacemos una foto – respondió Theo con una gran sonrisa.
Hicieron un par de fotos a la especie de palacio que se veía en la lejanía, y aprovecharon también para hacerlas a las calles, con su gran variedad de colores en los puestos y los objetos que exhibían en las pequeñas tiendas.
- Es una lástima que no salga la gente. Quedaría preciosa una foto con todo el bullicio – se quejó Chloe.
- Sí, pero ya sabes que no es posible. Algún día las habrá, igual que los coches voladores – rió -, pero nos tenemos que conformar con esto.
Estaban dispuestos a montar de nuevo en las bicicletas cuando un anciano sentado en el suelo apoyado sobre el escaparate de una de las tiendas les silbó.
- Mmm. ¿Personas en fotos vosotros decir? No ser imposible – les habló en su propio idioma, aunque de forma muy tosca y primitiva. Un típico sombrero en forma de cono le tapaba toda la cara a excepción de la boca. Parecía bastante anciano, y unos pocos pelos largos y sueltos le crecían a forma de bigote.
- ¿Habla nuestro idioma? – preguntó sorprendido Theo acercándose al hombre.
- Vosotros turistas siempre creer que China no tener nada que ofrecer a mundo. Pero yo demostrar a vosotros que China ser gran país.
- ¡No es cierto! – contestó Chloe – Nosotros respetamos cualquier país y cultura.
- Y queremos aprender todo lo posible – completó Theo.
- ¿Sí? Entonces pasar dentro. Yo tener algo que vosotros interesar – sonrió dejando ver que su boca apenas guardaba cuatro dientes todos de color negro o marrón. Se levantó con dificultad y sin levantar la vista accedió al interior de la tienda. Chloe y Theo le siguieron tras la cortina de hojas que hacía de puerta.
La tienda les recordó en primer lugar al cuchitril en el que habían pasado la noche hacía unas pocas horas. Por la enorme cantidad de polvo y suciedad parecía que no había habido ningún cliente en años o incluso lustros. Sin embargo, un análisis más en detalle de los objetos que había en las estanterías indicaban que había algún tipo de orden. Bajo la capa de mugre se podían distinguir pequeñas etiquetas atadas con un cordel a cada uno, con algunos símbolos en grafía china.
- Deben tratarse de los precios – susurró Theo a Chloe que miraba con detenimiento todo lo expuesto. En su vida había visto nada igual. Allí había cajas con formas estrafalarias, muñecos siniestros con algunos miembros amputados, frascos con líquidos de varios colores y algunos cuadros con dibujos surrealistas que no fue capaz de identificar. Todo ello acompañado de una tenue sombra por la escasa luz que entraba entre las rendijas de las puertas y las ventanas que estaban cerradas a conciencia.
- Este sitio me da mal rollo. Deberíamos irnos – susurró Chloe.
- No te preocupes. Es un señor mayor y no parece peligroso.
El anciano pasó al otro lado del mostrador aferrándose a todo lo que encontraba a su paso, como si tuviera dificultades para andar por sí mismo.
- ¿Qué ser? – preguntó – ¡Ah, si! Personas en fotos. Tener lo deseado justo aquí.
Se agachó un momento y rebuscó entre algunas cajas que debía tener bajo el mostrador. Sacó una pequeña caja de color verde oscuro, cerradas con una cuerda a su alrededor a modo de lazo, como si fuera un regalo. El anciano mostró de nuevo sus podridos dientes.
- Adelante. Abrir – dijo.
Theo cogió la pequeña caja y la examinó desde todos sus ángulos. Tiró del cordel para deshacer el lazo y levantó la tapa. Una cámara de fotos de color marrón oscuro reposaba en su interior entre varios algodones. La cogió con suma delicadeza temiendo romperla. Era de tipo Polaroid, de las que revelaban la foto en una pequeña lámina instantáneamente. No parecía tener ninguna marca o distintivo comercial por ninguna parte.
- Probar ahora. Aquí.
- ¿Es segura? – preguntó Chloe temerosa de que fuera una broma pesada o que fuera a explotar o disparar algo peligroso. El anciano sólo invitó a probar con un gesto sin decir nada y sin dejar de sonreír.
Theo apuntó la cámara hacia Chloe y disparó. Un destello inundó la tienda. Ambos se quedaron inmóviles esperando algo inusual. Pero al instante siguiente la foto salió por delante de la cámara. Cogieron la lámina y empezaron a agitarla para que el aire acelerara el proceso de revelado. Al minuto ya se podía ver el resultado: Chloe se encontraba delante del fondo de la tienda.
- Esto es… asombroso – consiguió decir Theo con la boca aún abierta por el resultado – ¿Se da cuenta de lo que esto significa? ¡Esto puede revolucionar la industria del mundo!
- Ahora turistas pensar China no tener nada que ofrecer a mundo, ¿sí?
- No, no… Es maravilloso. Nunca había visto nada igual – Theo seguía embobado mirando la foto.
- Pero, ¿cómo es posible que un simple tendero de barrio tenga algo de una tecnología tan sofisticada? – preguntó Chloe desconfiada – ¿Para qué empresa trabaja?
- Turistas siempre desconfiados. No creer en poder de país – su gesto se volvió amargo y su sonrisa desapareció.
- ¿Cuánto por la cámara? – preguntó Theo ignorando las preguntas que había hecho Chloe.
- Te recuerdo que casi no llevamos dinero – le susurró Chloe.
- No pagar con dinero – contestó secamente el anciano.
- ¿No está en venta? ¿Quiere que se la cambiemos por algo? Llevamos algunas cosas en la mochila que puede que le interesen para cambiar.
- Vosotros tener algo que yo interés, sí… – murmuró. Se volvió a agachar a rebuscar detrás del mostrador y sacó un bote grande de cristal recubierto con una tela gruesa de color marrón que recordaba a un saco. – Vosotros sacar ficha de bote cada uno y dar lo que poner.
- ¿Cómo qué? ¿Cómo sabe lo que tenemos? ¿Y si sale algo que no tengamos?
- No preocupar. Sólo cosas que ya tener – volvió a sonreír – ¿Trato hecho?
Chloe y Theo se miraron mutuamente, mientras él sostenía la cámara en sus manos. No se dijeron nada. El gesto de preocupación de Chloe que pedía prudencia se topó con la cara de desafío de Theo, dispuesto a casi cualquier cosa por llevarse la cámara de allí. Nunca le había visto así.
- Trato hecho – contestó a la vez que Chloe inclinaba la cabeza en señal de resignación.
- Excelente. Meter mano y sacar ficha al azar – invitó con la boca del bote de cristal. Theo fue el primero que metió la mano. Palpó varias fichas de plástico de formas triangulares. Debía haber más de una docena dentro. Revolvió un poco y sacó una de ellas. Era de color rojo con una letra en chino de color negro. Ponía “眼”. El anciano ofreció el bote ahora a Chloe que sin revolver tanto sacó rápidamente otra ficha que tenía escrito “心” de nuevo en negro sobre rojo.
- ¿Qué significan? – preguntaron enseñando las fichas.
- ¡Oh! Bien, bien. Acompañar detrás tienda para intercambio.
- ¿Pero qué significan? Si no sabemos lo que es no podemos dártelo.
- No preocupar. Venir.
Theo y Chloe siguieron al viejo tras una puerta de madera que se adentraba más en el interior de la tienda. Lo que vieron dentro les dejó completamente helados. Cuatro camillas rodeadas de instrumental quirúrgico estaban en el centro de la sala, y las paredes llenas de estanterías con botes que tenían órganos flotando en su interior. Chloe soltó un grito de pánico.
- ¡¿Qué es esto?! ¡¿Qué es este lugar?! – preguntó Theo mientras calmaba a Chloe entre sus brazos.
- ¿Vosotros como creer que cámara funcionar? Sólo ojos humanos poder ver otros humanos.
Como si de un resorte se tratara Theo soltó la cámara que sostenía entre sus manos como si le hubiera dicho que tenía una tarántula trepando por ella. Al caer al suelo se partió en dos trozos con un chasquido seco. Entre otros componentes habituales, un globo ocular con un iris de color azul estaba enredado por unos cables. Las náuseas invadieron a Theo.

Intuyendo las intenciones de aquel viejo sádico, se dieron media vuelta para salir corriendo de la tienda. Pero en el marco de la puerta de madera que acaban de atravesar se toparon de bruces con un chino tremendamente corpulento, que prácticamente cubría la puerta entera con su cuerpo. Theo intentó golpearle violentamente para apartarle, pero sus puñetazos y patadas eran igual de efectivas que lo sería un plumero. El enorme chino golpeó en el cuello a Chloe que cayó inconsciente al suelo.
- ¡Chloe! – gritó Theo que se abalanzó al suelo para cogerla entre sus brazos – ¡¿Estás bien?! ¡Dime algo! – sollozaba.
- No preocupar. Destino de ella decidido – soltó el anciano.
- ¡Maldito hijo de puta! ¡La habéis matado!
- ¡Oh, no! Aún no. Aquí no sólo fabricar cámaras. Otros órganos necesitar – seguía sonriente -. De tí sólo ojos necesitar.
Un nuevo golpe quebró la consciencia de Theo y su vista se nubló por última vez. 

Relato presentado V Certamen de Calabazas en el trastero cuya temática se encuentra centrada en el terror oriental, pero desgraciadamente no resultó seleccionado.

Categorías:Relatos
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