- ¿Has tenido alguna vez la sensación de percibir algo que no existe?
- ¿A qué te refieres? – preguntó extrañado.
- Sí. Algo que sabías que no era real pero tus sentidos te intentaban decir que estaba allí.
- ¿Te refieres a una película en 3D? ¿O a uno de esos dibujos que hay que quedarse bizco para distinguir algo?
Manfred rió. Apenas fueron un par de carcajadas, pero era la primera vez que Jack le veía tan distendido. Siempre había sido un estirado, pero en aquel momento parecía que había perdido la escoba que tenía metida por el culo.
- No, no. Me refiero a la realidad. Cruzar un semáforo y sentir a la vez como eres atropellado y cómo llegas sano y salvo al otro lado. Despertarte por la mañana y sentir a la vez como sigues en la cama y cómo te diriges hacia el baño. Me refiero a a percibir realidades alternativas.
Jack se quedó en silencio. No sabía si le estaba tomando el pelo o realmente Manfred estaba convencido de lo que decía. Por un momento dudó sobre qué responder.
- No… No recuerdo haber tenido esa sensación – respondió pausadamente remarcando la palabra tal y como la había usado Mandred en primer lugar.
- Lástima – respondió a la vez que se apoyaba sobre el respaldo de la silla -. Es algo fascinante – musitó mientras su mirada se perdía en otros pensamientos y recuerdos lejanos -. En cualquier caso necesito que vengas conmigo. Por eso te he llamado – sonrió de nuevo.
- ¿A mí? ¿Por qué? Es decir – corrigió -. No te lo tomes a mal. Tú y yo nos conocemos desde hace muchos años, pero nunca hemos tenido lo que se suele decir… confianza.
- Eso ahora mismo es irrelevante. Te necesito a tí y ahora. ¿Puedes hacerme este favor? – se puso serio de repente. Aquellos cambios de humor repentinos no ayudaban a que Jack se sintiera más confiado, pero al fin y al cabo Manfred siempre fue raro. Raro y brillante.
- Bueno – dudó -. Dime antes qué tengo que hacer.
- Nada. Sólo tienes que acompañarme y ser testigo de un experimento mío. No te preocupes, no es nada peligroso para tí – añadió rápidamente al ver la cara de preocupación y sospecha de Jack.
“Para tí” repitió Jack en su cabeza. ¿A qué se refería con eso? ¿Era peligroso para otro? ¿Para Manfred quizás?
- Bueno – respondió Jack sin demasiada seguridad.
- Excelente. Vayamos al laboratorio inmediatamente.
Pagaron la cuenta de la cafetería y fueron caminando hacia el edificio del laboratorio. La universidad tenía un campus enorme, pero el laboratorio subterráneo ocupaba la totalidad de su superficie bajo tierra. Eran la envidia del resto de universidades del país, y muchos de los avances actuales de la ciencia moderna tenían lugar allí. Jack nunca se arrepintió de abandonar la carrera, pero aquello le dejaba un regusto amargo en el fondo de la boca.
Después de decenas de puertas de seguridad, un par de ascensores y tres controles de seguridad, al fin llegaron a la parte del laboratorio donde Manfred realizaba su trabajo.
- Bienvenido a mi reino.
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